9 musas

Volviendo a mis niños

20 años convirtieron un amigo del colegio en mi abogado, y ahora estamos en la cabaña de su mejor amigo, todo está cubierto de madera recién cortada que con los años oscurecerá hacia un marrón más acogedor y menos incómodo a los ojos. Perdí hace mucho el interés de lo que hablan entre C y T, es el ruido en el fondo mientras me acomodo en una mesa redonda, con el mismo tono de las paredes.

Mi mamá me parió siendo muy joven, de suceder ahora, no solo sería un bastardo malparido, sino que sería el la prueba de un posible delito cometido por mi progenitor; 16 años y unos meses separan nuestro nacimiento, lo que me permitió envejecer muy a la par de ella, a diferencia de mi abuela, que nació vieja.

Las cabañas vivían en los campos y bosques del mundo, esquivas a los humanos, solo podían ser atrapadas cuando ya estaban viejas y cansadas, sin fuerza para seguir corriendo. Eso explicaba porque siempre se veían viejas, el sonido de cada centímetro y su olor. La cabaña de T nació en cautiverio, sus paredes aún sangraban y olían a sierra. En la mesa estaban regadas varias fotografías y las paredes estaban cubiertas con libros aún en sus bolsas. Las palabras de C y T seguía sin importarme aunque las dirigieran directamente a mí, me hablaban mientras caminaban hacia una habitación que lucía como la entrada a mi cuarto pero con una iluminación más holandesa. Volví la mirada a la mesa, entre las fotos podía verse la madera recién cortada.

Torres negras con pequeños rectángulos amarillos y azules recortaban gradados, de azul a amarillo, de negro a rojo, de negro a azul y de éste a celeste. La viscosidad de la pintura blanca iba ocultado los edificios uno a uno, veía el recorrido de cada pincelada con un miedo que crecía a cada paso, la siguiente podría ser la definitiva, la adecuada o la que arroje todo el trabajo a la basura. Mástiles, velas y olas taparon el concreto y apagaron la luz.

Antes de este sueño había pensado muy poco sobre la inspiración, de las musas, de la iluminación divina, de ese espíritu caprichoso del que creen que uno es medium. No sabía si despertaba o caía en un sueño, quería seguir en la cabaña aún sin tener claro si esta hacía parte de una experiencia compartida. Desde que inició el encierro tengo sueños cada vez más vívidos.

C y T salieron de la habitación, al parecer ya había terminado la noche, ambos se daban palmadas en la espalda y alardeaban de sus proezas durante la orgía que acababa de suceder; nunca vi entrar otra persona en la habitación, nadie me invitó, nunca me enteré de la orgía ni podía recordad qué había sucedido conmigo en la sala. En lo que parecía mi cuarto había una mujer con ocho cuerpos, cada uno hacia algo diferente. Volví a la mesa, parecía que esa noche le habían pasado 17 años, ahora su madera es vieja y marrón; cubierta con pinturas de barcos navegando en medio de tempestades, nunca en aguas calmas, la mayoría eran naufragios que empecé a mirar a detalle, y me sentía fascinado por la espuma mezclándose con las velas y las olas rompiendo con los mástiles.

Nada aparece de la nada, todo afecta a todo; no es ningún descubrimiento, ni un momento de iluminación. En los últimos años me he vuelto cuidadoso con lo que consumo, pues estoy seguro que algo de eso puede ser materia prima en mi próximo trabajo, no sé cuándo va a aparecer ni tengo claro cómo va a afectar lo que haga. Sacamos tierra y rocas cuando visitamos las montañas de otros, con ellas vamos dando forma a nuestra montaña y aunque nuestras manos estén por todas sus faldas, nunca estaremos seguros de qué vamos a encontrar. En alguna entrada hable sobre la obra como un registro de diferentes decisiones que se superponen en un formato; ¿cuál es el sentido de esas decisiones? ahora creo que son el recorrido que ofrecemos sobre nuestra montaña. Ofrecemos varias rutas, diferentes puntos de vista de la misma roca, y mi trabajo es darle sentido al monte que habito a través de los senderos. Inspiración es el momento de claridad sobre una nueva ruta, o también el momento de hiperactividad en el que todo es voluntad ciega.

Al principio pensé que era Caliope era la que había quedado conmigo pintando las marinas, luego, al ver los marineros ahogándose entre ellos creyendo así poder demorar su muerte, como pagando una cuota, sobornándola a cambio de perdón, estaba seguro que había sido Melpómene. Ella me acompañó mientras las otras estaban en la orgía, pero ahora que todo había terminado reclamaban la cabaña de T, empezaron a sacudir las paredes, a arrojarnos contra el piso, quería quedarme, pero solo me permitieron conservar mi vida y una marina, en la que habían varios naufragios pintados unos sobre otro, enmarcados por varias tormentas. Subimos al carro de C y desperté.

De un momento a otro, luego de meses cubriéndose de polvo sobre mi mesa, retomé las fotos de mis niños, terminé los dípticos pendientes y creo que voy a tomar clases de pintura.

-MM-