Lo Análogo

Perderse tiende a hablar más fuerte de espacio, y ahora que todo mi universo debí contenerlo entre la habitación, empezó a tener el tufo del tiempo. Los significados de afuera se van distorsionando durante el encierro; las reuniones y trabajos, las charlas, romances y amistades ahora discurren en un solo espacio. Ahora todo es tiempo y no hay mejor lugar para entenderlo y sentirlo que desde el aburrimiento.

Lo que hoy me trae no es propiamente el tiempo, mis ideas sobre él las estoy desarrollando de otra forma; escribo por la forma en que decidí vivirlo durante el confinamiento, por el aburrimiento y el error, por el hacer y la pérdida de control. No sobra esta aclaración de entrada: Aunque disfruto ver las discusiones “digital vs análogo” me parece un despropósito participar en ellas; herramientas diferentes responden a necesidades diferentes.

Wabi-sabi

Meses atrás invoco el “Nada es perfecto, nada está terminado, nada es eterno” cada que el narcisista autodestructivo, lleno de desprecio por sí mismo, mal llamado perfeccionista, trata de tomar el control de lo que hago. La vida puede irse en presionar una y otra vez ctrl+z llegando nunca a nada, y el resultado de controlar pixel por pixel, aunque útil comercialmente, suele ser insulso. Me gusta pensar una obra como la acumulación de decisiones dentro de un formato y no tener la opción de deshacerlas enmarca el carácter del autor, su expresión, forja un sentido de responsabilidad frente a ésta. No hay dios, no hay perfección, ambos murieron. Los delirios de perfección bajo los parámetros de producción y consumo actuales, sólo han cultivado mi ansiedad y frustración. Con el tiempo aprendí que Hecho vale más que una idea de perfecto.

Mis pensamientos, varios papeles y químicos han acompañado mi encierro. Aunque he podido trabajar con otros medios (fotos a distancia, encargos de clientes, etc) no han sido tan gratificantes como hacer mi diario en cianotipias. Las manos también piensan y sus meditaciones mientras se ocupan de hacer el diario tratan sobre la lentitud y la paciencia, de respirar. sensibilizar el papel en la noche, exponerlo a lo largo de la mañana, lavarlo, secarlo, intervenir el resultado. Demandan una calma desafiante a mi ansiedad, cuando la impaciencia triunfa, el trabajo del día es perdido, la nada queda como lección del afán, deja un papel dañado, manchado, maltratado, pero no menos valioso para el ejercicio, por lo que vuelve a ser sensibilizado, resultando la una superposición de errores y aciertos que abrazan la cicatriz y narran mejor mi día a día. Mis manos ahora cultivan la paciencia y aprecian la espera.

To act on a bad idea is better than to not act at all because the worth of the idea never becomes apparent until you do it. Nick Cave.

Escucho a Nick Cave mientras arranco este párrafo, y pienso en 20.000 days on earth cuando habla sobre el segundo verso como determinante de qué tan bueno o apropiado fue el primero. También en Nina Simone, cuando hablaba de improvisación, y parafraseándola, “puedes golpear cualquier nota, pero lo que determinará si fue un error o un acierto es la nota que golpees después”. Hay que partir de un punto, la experiencia hará que cada vez produzcamos mejores segundos versos y acertemos al golpear la siguiente nota.

Ese primer verso o primera nota puede darse al dejar al medio ser por sí mismo, e iniciar el diálogo con él, darle un espacio a lo arbitrario y experimentar nuestra respuesta. La cianotipia me ha llevado de la mano por este proceso, jugando a descifrar y conducir sus caprichos, mi voluntad reinterpretada por ella, el resultado lo reordeno y manipulo para hacer mi diario. Un diario imperfecto, caprichoso, puede que nunca lo termine, que envejece y que de seguro no durará en sí, pero sus efectos ya se ven en mis otros trabajos, en una ansiedad que empieza a mesurarse y mi deseo de levantarme casi todos los días en el encierro.

Un enlace que puede ser útil para entender Wabi-Sabi

Me molesta esa aura honestidad que tratan de darle a la fotografía análoga con “no filter, no photoshop”. La fotografía nunca cumplió su propósito positivista con la verdad, incontables son los libros y ensayos que hablan sobre cómo miente, engaña y omite, ya es suficiente con lo que ella engaña como para engañarnos a nosotros mismos, me gusta que mienta, así la quiero. La huella química no es más honesta que la secuencia binaria. Las herramientas no tienen moral, esa es una discusión entre quienes las usan y los que consumen el resultado.

Reitero, las herramientas deben corresponder a las necesidades; en este momento los procesos análogos y experimentales son los que han renovado mi mirada, pudo ser cualquier otro e igual sería válido. Ahora necesito que mi trabajo ocupe un espacio físico, que me obligue a verlo, que no desaparezca al apagar el computador, que ensucie mis manos, que no pueda deshacer cambios, asumir mi responsabilidad frente a mi obra, ceder el control.

Puta que llevaba mucho sin escribir por acá.

-MM-