Una noche de estas

Placeholder image

Al querer darle una forma a la arcilla debemos enterrar nuestras manos en ella, untarlas, golpearlas y sensibilizarlas hasta lograr el aspecto que deseamos. Antes de ser jarrón, se resiste a cambiar, lucha contra nuestros dedos y deseos, los maltrata tanto como puede. El tiempo pasa y mil jarrones se han hecho, en el proceso nuestros huesos ha cambiado, la piel se ha hecho más gruesa y los movimientos más precisos. Cada que se realiza una fotografía sucede algo similar, las obturaciones dejan algo más que imágenes e ideas; los recuerdos, las emociones y las sensaciones que nos acompañaban en ese instante se apilan una sobre otra en nuestra memoria y van moldeando la mirada.

Hablo por mí y para mí. Los buenos proyectos son aquellos en que se logran las imágenes deseadas y el presupuesto es saludable, en los malos alguna de los dos queda corta, cuando ambos son insuficientes el proyecto es una mierda. Los grandes proyectos, los que hinchan el pecho, tanto las imágenes obtenidas como el acto fotográfico suceden por amor, empatía, curiosidad y aprendizaje (el dinero importa, pero de ser mi motivación principal, trabajaría en otra cosa, la fotografía es una de las peores rutas para llegar a millonario).

Placeholder image Bazuka (Nira Clandestine).

Una fotofija de Estas.

Fotogramas promocionales y el detrás de cámaras de una producción audiovisual, es la respuestas condensada que tengo cuando me preguntan cuáles son los objetivos de la fotofija (puedo haber reducido de más). Encontrar los fotogramas promocionales de una idea en desarrollo requiere anticipación, interiorización del guión, conocer las intenciones del director; saber qué sucede cuándo y su relevancia en la narrativa. Adaptarse a los lineamientos de la dirección de fotografía, aprovecharlos, ser invisible para el equipo de producción mientras se registra el trabajo de todos. Be like water, my friend. No he participado en tantos rodajes como quisiera y dudo qué tan claro tengo mi papel como fotofija; pero siempre que un proyecto de esos se asoma, me aferro a él y lo asumo como un taller donde aprendo sobre producción, iluminación y dirección mientras realizo las imágenes que ellos y yo necesitamos.

Placeholder image Equipo de rodaje para Una Noche de Estas.

Aunque la descripción del proyecto fue tan a fondo como una llamada de un minuto lo permite, el tema, la narrativa, las locaciones, los personajes, la calidad del trabajo de Sharpball, sumado a la experiencia previa que tenía junto a ellos, conocía mi respuesta al contestar el teléfono, me lo debía y no podía dejarlo pasar, me sumergí sin siquiera preguntar por presupuesto. Sabía que Una Noche de Estas tenía todo lo necesario para ser un gran proyecto, tenía que responder acorde, decidir cómo iba a aprovecharlo, la ruta que iba a trazar para llegar a los resultados que ellos podrían estar esperando de mí y a las imágenes que yo quería lograr. Alinear nuestras expectativas.

Trabajé con la cámara más discreta y caprichosa que tengo, me obligué a hacerlo despacio, me propuse saborear cada obturación, experimentar con la composición, sin imponerme, aprovechar todo lo que la situación me ofrecía, respirar; pese a los dedos congelados y la sensación constante de ser vigilado por niños, es de los proyectos que más he disfrutado participar.

Placeholder image Bazuko (Felipe Sánchez).

Fueron varias noches de encuadrar, enfocar, volver a encuadrar, pensar si esa imagen es la que realmente deseaba tener, respirar, encuadrar de nuevo, volver a enfocar, pensar, esperar, decidir, y obturar, parecían la implementación perfecta de los que Kundera hablaba dentro de su matemática existencial:

“El grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido”.

El efecto de la calma se vió reflejado en las fotos, en la cantidad de pequeños “éxtasis estéticos” que experimenté; quizá el tiempo que me tomé fue lo que permitió sentir como la arcilla iba tomando forma mientras ésta cambiaba mis manos, o puede que siempre haya sucedido, pero la lentitud fue la que permitió recordarlo. Ver es una cosa, observar es otra y va más allá de los ojos. Volví a casa, lleno de experiencias que trascendían a la imagen, de cuestionamientos sociales, nociones nuevas sobre la construcción de comunidad, de los otros, del trabajo, estrenando conflictos éticos y estéticos.

Placeholder image Kevin Vélez, Nicolás Pinzón, Jose Jimenez y Miguel Jimenez.

Fue un proyecto corto e intenso, poco menos de una semana, rodajes nocturnos de 12 horas que transcurrían en lugares que el estado sólo aparece para reprimir, abusar, mentir y buscar votos; tiempo que alcanzó para enmarcar esa frontera voyeur, intensidad suficiente para dar el impulso de tumbarla y empezar buscar proyectos de inmersión, donde más que extraer pueda construir y aportar.

-MM-